Capaces de decir no a la abrumadora influencia de la indiferencia, la arrogancia y la fuerza.
Queridos amigos,
Nos parece importante hablar de pasión, especialmente en estos tiempos, en estos días, cuando los vientos turbulentos de la guerra se alzan cada vez con más fuerza a nuestro alrededor.
Pasión es una palabra que a menudo hemos escuchado en referencia a Jesús, para indicar su sufrimiento y agonía en la cruz. A través de las enseñanzas del Padre Carlo Molari, hemos aprendido a interpretarla de una manera completamente diferente y positiva. Es la pasión que Jesús tenía por la humanidad lo que le permitió vencer la destructividad, con plena y total fidelidad al Amor, y hacer florecer la Vida en lugar de la muerte.
La pasión, como la pasión por…, también podemos aplicarla a nosotros mismos, encontrándola en nuestras vidas, expresada en sus múltiples manifestaciones.
La lista puede ser larga: pasión por el estudio, por el trabajo, por la belleza; pasión por la música, el arte, los deportes y tantas otras.
Las pasiones pueden ser abrumadoras y fugaces, o tan intensas que perduran toda la vida.
Son lo opuesto a la indiferencia, el desapego y la apatía.
Actitudes contra las que a menudo nos advierten quienes, con pasión, viven la vida en tiempos difíciles y destructivos.
El mes pasado, comenzamos a leer los diarios de Etty Hillesum, una joven judía que murió en Auschwitz a los 29 años. Sus páginas, llenas de matices, revelan un testimonio cada vez más maduro y apasionado de la vida, a pesar de la muerte y la destrucción que la rodeaban.
¿Cuáles son nuestras pasiones? ¿Qué nos entusiasma, qué nos impulsa a desplegar nuestras mejores energías, a llenar nuestra vida cotidiana de tantos colores?
En una época en la que algunos parecen querer demostrarnos que la arrogancia, la fuerza y el capricho pueden prevalecer, ¿qué mejor antídoto contra la desconfianza, la resignación y la impotencia?
¿Qué pasión por la vida podemos experimentar ya en nuestras historias, en nuestras familias, en nuestros barrios y ciudades?
En los últimos días, Don Mario me regaló una reflexión. La comparto con ustedes, esperando que se convierta en un saludo para cada uno de ustedes en la ocasión litúrgica de la Pascua de Jesús.
«Traducir en gestos el Amor que queremos comunicar a nuestros prójimos requiere una gran madurez. Se debe alcanzar a través de un largo camino, pero sobre todo adquiriendo la conciencia de que nuestras heridas de amor son siempre infinitamente inferiores al Amor que aún está por descubrir, y que el Amor puede dar fuerza e integración a toda existencia, cualquiera que sea su historia».
¡Un cordial saludo y mis mejores deseos para una Feliz Pascua!
Agnese
OreUndici